

Con el objetivo de llegar al poder, Mauricio Macri decidió este año sacrificar no sólo Juntos por el Cambio, sino el partido que fundó. Por estas horas, en su entorno no sólo dan por terminada la alianza con los radicales, sino también al PRO
Muchas jugadas
Macri comenzó el año todavía con la idea de ser él candidato de Juntos por el Cambio a la presidencia, para tener la revancha de su "segundo tiempo". Pese a que ahora afirma que si se presentaba ganaba caminando, lo cierto es que en marzo leyó unas encuestas para el espanto y decidió anunciar que no sería candidato a nada.
Se abrió, entonces, una competencia entre tres dirigentes PRO: Patricia Bullrich, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. Macri primero favoreció a las dos primeras y luego le restó de un momento a otro todo apoyo a Vidal y se bajó.
Luego intentó sin éxito convencer a Larreta de que se baje (según confesó el ex presidente en las últimas semanas), Macri favorecía para las PASO a Bullrich.
La victoria de Bullrich llegó, pero con un Javier Milei en un primer puesto que les agrió la victoria.
Entre las PASO y las primarias, Macri coqueteó permanentemente con Milei, lo que le trajo no pocos problemas con Bullrich.
Después de las generales, Macri forzó de inmediato una alianza con Milei, sin consultar a su partido ni a su alianza. No importó quebrar ese espacio: el objetivo ya era otro, crear uno nuevo.
Así, Bullrich apoyó a Milei, y Macri no sólo lo apuntaló públicamente, sino que se jugó entero a que ganara: le consiguió financiamiento, fiscales, medios que antes lo rechazaban y pasaron a tratar bien a Milei. Y con todo eso consiguió dar vuelta la elección.
La colonización
Después del ballotage, Macri tuvo varias reuniones extensas con el presidente electo, que redundaron en un cambio rotundo de los lugares que le había asignado a Milei a su propia gente.
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